OBRA

Identidad

Desde 1997 empecé a trabajar con nomenclaturas identitarias con el fin de reflexionar en torno a aquello en lo que devienen la memoria y la identidad de una persona, pues para el sistema, más que un nombre los individuos somos un ente codificado en una huella digital, un registro federal de causantes, incluso un chip: lo que nos identifica son códigos de control. Plasmadas sobre lápidas de mármol, estas nomenclaturas señalan el final de la historia personal, de aquella identidad que ahí ha quedado contenida, codificada y doblemente vaciada de ser: en primera instancia por la muerte, y al mismo tiempo, porque al codificarse en la abstracción de un signo queda vacía de lo que es.

“X”, 1997. Instalación.

Vestigios humanoides, 2003. Instalación.

Identidad, 2004. Instalación. 15 lápidas de mármol grabadas.

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